CARLOS SAINZ Y LUIS MOYA CELEBRAN LA HISTORIA DEL RALLY CON UNA VICTORIA EN ASTURIAS
Hay competiciones en las que una victoria es lo de menos. La decimoséptima edición del Rally de Asturias Histórico, tributo a Carlos Sainz, concluyó con El Matador y Luis Moya en lo más alto del podio, pero el propio bicampeón mundial fue el primero en definir el desenlace deportivo como «anecdótico».
Lo verdaderamente histórico no fue levantar el trofeo, sino lo que se vivió en el asfalto. 24 años después de su última etapa mundialista con Ford, pudimos ver competir de nuevo a la pareja más laureada del automovilismo español arropados por cerca de 100.000 personas en las cunetas y rodeados por cuatro décadas de historia viva de la marca del óvalo.
Pravia y las carreteras del Principado se convirtieron durante tres días en un templo al aire libre del rally. El evento, impulsado con el apoyo de Ford y Red Bull y la hospitalidad del equipo Past-Racing, no se concibió como un mero paseo conmemorativo de museo. Fue competición pura. Para Carlos y Luis supuso, además, el estreno absoluto al volante de la máquina más sofisticada del certamen moderno: el Ford Puma Rally1 híbrido.

La sintonía, intacta 24 años después
Desde el Rally de Gran Bretaña de 2002 con el Ford Focus WRC oficial, Sainz y Moya no habían vuelto a compartir el habitáculo de un coche de la categoría reina mundial. Sin embargo, en cuanto se ajustaron los arneses y enfilaron las carreteras asturianas —estrechas, técnicas, sinuosas y con continuas curvas ciegas—, el tiempo pareció detenerse. La compenetración fue instantánea, como si nunca hubieran dejado de correr juntos.
A la derecha de Carlos, Luis Moya no ocultó la emoción que le invadió desde los primeros compases del shakedown: «En medio del tramo me emocioné en el coche. Me venían recuerdos de cuando corríamos juntos, de cantar las notas, de estar con él. Ha sido una experiencia extraordinaria». Una emotividad que el copiloto gallego combinó con su clásica ironía ante la brutal velocidad del nuevo Puma: «Voy a tener que doparme la lengua para cantar un poco más deprisa».
Una retrospectiva rodante de Ford: de los Escort clásicos al Puma Rally1
Uno de los grandes atractivos de este tributo fue comprobar cómo la herencia deportiva de Ford vertebró la prueba de principio a fin. El público que abarrotaba las cunetas no solo vibró con la aerodinámica y la aceleración híbrida del Puma Rally1; también disfrutó del rugido de algunas de las máquinas más queridas de la historia de la marca, pilotadas por auténticos referentes de la especialidad en España:

1.- La era dorada de la propulsión trasera: El inconfundible sonido atmosférico de los Ford Escort hizo las delicias de los más puristas. Al volante de un Escort RS 1800 Mk II estuvo Jesús Ferreiro (navegado por Javier Anido), uno de los grandes dominadores históricos del certamen nacional de rallyes de clásicos. En la categoría Pre-81 brillaron los asturianos Juan José Sánchez 'Ordiales' y Jorge Miranda, logrando la victoria de su división con su Escort Mk II, mientras que Diego Estévez y Francisco Trapote sumaron aún más pedigrí clásico con el icónico Escort RS 2000 Mk I.
2.- El salvaje poder de los Grupo A: Los aficionados recordaron los años dorados de las cuatro ruedas motrices gracias al Ford Sierra Cosworth de Fernando 'Copi' Capdevila, copilotado por Alfredo Rodríguez. A su lado, la unidad de Javier Basagoiti y Rebeca del Pozo completó una estampa inolvidable de la era turbo de los noventa.

3.- El puente hacia el futuro: El relevo generacional de la marca estuvo representado por Gil Membrado y Adrián Pérez. La joven promesa española y su copiloto no solo levantaron al público en la exhibición nocturna de Pravia a bordo del Ford Fiesta Rally3, sino que cumplieron funciones de coche de seguridad, abriendo los tramos y preparando el terreno para el paso de los pilotos históricos.
Batalla de leyendas y fiesta en la cuneta
La prueba reunió a un plantel de rivales que bien podría haber firmado cualquier cita del Mundial de los noventa o dos mil. El gran duelo contra el cronómetro lo protagonizó Sébastien Loeb (junto a Isabelle Galmiche), que dominaba la prueba hasta que una avería en el embrague antes de la octava especial le apartó del liderato. Tomó el testigo en la persecución otro viejo conocido de la afición y de la propia Ford: el francés François Delecour, segundo clasificado en la clasificación final.

Al final del sábado, Carlos Sainz y Luis Moya rubricaron cinco scratchs y se llevaron una victoria que, en palabras del propio piloto madrileño, pertenecía en realidad a los aficionados: «El resultado es lo de menos. Cuando había ganado únicamente un Campeonato de España de Rallys y era piloto de Ford, pensar que tantos años después seguiría compitiendo en una prueba en Asturias y rodeado de tantísima gente, habría sido un sueño inimaginable».
Más allá de los laureles, el homenaje en Pravia quedará en la memoria por esa marea de aficionados que recordó por qué la historia de Carlos Sainz y Ford es patrimonio del deporte mundial.





